sábado, 6 de marzo de 2021

NELSON RAMOS

 

NELSON RAMOS

 

Nelson Ramos nació en Dolores, departamento de Soriano, el 19 de diciembre de 1932; y murió en Montevideo el  2 de febrero de 2006.

Estudió con Vicente Martín en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Montevideo. Desde el inicio Ramos fue un artista que mereció becas de estudio, viajando a Río de Janeiro donde aprendió la técnica del grabado, en 1959. En 1962 viajó a España, Italia, Francia, con una beca otorgada por el Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay. En 1971 creó el  Centro de Expresión Artística, taller de arte que dirigió hasta su muerte, donde se formaron varias generaciones de jóvenes. En 1981 fue contratado para enseñar dibujo y pintura en el College of Art and Design de Minneapolis, en los Estados Unidos. En 1992, mereció el premio “Eco Art”, en Río de Janeiro. En 1995, con el Premio Fraternidad, viajó por Israel y Turquía, antes de volver nuevamente a Europa  De manera que Nelson Ramos  conoció Oriente y Occidente, bebiendo en las fuentes hasta poder concretar en sus obras una síntesis que supone la versión personal del hombre con su propia historia.

En 1996 mereció el honor del Premio Figari.  En 1997 las obras de Nelson Ramos representaron al Uruguay en la Bienal de Venecia. Al año siguiente algunas de estas obras fueron vistas en Montevideo en el Museo Municipal Juan Manuel Blanes, en una memorable exposición de maderas del artista.

Fue tal vez en Buquebus, en el Edificio Santos del Puerto de Montevideo, donde con el título de “La última década del siglo” se concentró la más memorable exposición de Nelson Ramos, en el mes de agosto de 1999. Lúdico, poético, Ramos mostró su humor con la más sorprendente plasticidad  y para ello diseñó un catálogo, digno anticipo de la muestra, impreso en el mes de junio con el apoyo del Banco Central del Uruguay y del Banco de la República. Mirarlo con atención fue requisito previo para la contemplación de las obras, en una penumbra que favorecía el espíritu de aquellas, a la luz de apenas algunos resplandores que destacaban el oficio y la teatralidad del maestro. Se trató de una selección de distintos períodos que mostraban claramente la evolución del artista, ofreciendo la buena oportunidad de refrescar la memoria al prenderse del hilo conductor subyacente en el alma de construcciones seductoras, en las que la materia trabajada aparecía transformada en puro lenguaje, porque Ramos la había convertido en expresiva sustitución. Todo material utilizado estaba trabajado con esmero respetuoso, con gran habilidad manual. Tal como el color responde al artista desde la punta del pincel, en Nelson Ramos los dedos eran el extremo dócil al concepto y a la programación creada, obedeciendo a un verdadero escenógrafo de las historias recordadas. Cajas y compartimientos, ordenaban secuencias que se proponían al contemplador a la manera de capítulos, como ráfagas de la memoria, permitiendo un regodeo íntimo con el objeto, al contacto con las técnicas de asombroso ingenio y de paciente y poética ejecución. Objetos, caballos, hombres, parejas humanas: todo estaba allí resuelto con estilizada fineza, en esculturas que conservaban el color natural, acendrado por tonos y lustres que el artista supo sumar, para acentuar con ello y aún más, su carácter plástico, lúdico, humorístico, dramático en fin. Elisa Roubaud.

Bibliografía: Libro La Puerta de San Juan de Gustavo Alamón.

 

 

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